EL PROGRESO 13 DE OCTUBRO 2024
Cerca de 10.000 republicanos fueron enviados a campos de exterminio nazis, una memoria muchas veces diluida cuando se habla de las víctimas del franquismo y del nazismo. De ellos, 5.000 fueron asesinados. Manuel Domínguez Núñez, vecino de Ferreiros de Balboa, en Becerreá, fue uno de los que sobrevivieron al campo de Mauthausen. Él fue, de hecho, uno de los que elaboraron la histórica pancarta que recibió a las tropas estadounidenses en 1945: “Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas libertadoras”.
No sucedió, sin embargo, tan rápido. El mismo pacto entre Franco, Hitler y Pétain para que los republicanos acabasen en los campos de exterminio nazis hizo que su salida también se demorase en el tiempo, incluso después de haber llegado las tropas aliadas. Exiliados en Francia tras el triunfo de los sublevados en España, cuando el nazismo ocupó el país vecino las autoridades nazis le preguntaron a Franco por el destino de estos refugiados, y el dictador no les reconoció la nacionalidad. Mientras otros presos marchaban a Rusia o a Francia, a los españoles no los reclamó nadie, y para ellos la liberación no significó el final de la guerra iniciada en el 1936. Por eso, fueron de los primeros en llegar, y de los últimos en salir, cerca de un mes después de la liberación del campo.
Reconstruir la historia
Manuel Domínguez nació un 11 de noviembre en esa parroquia de Becerreá, tal y como pudo saber el equipo de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), que trata de reconstruir la historia de los deportados en la provincia de Lugo, y que está coordinado por Miguel Freire con la colaboración de Paulo Grandío y Roberto Mouriz.
La historia de Manuel Domínguez es una de las que reconstruyeron, con todos los datos que aquí se aportan. De él se sabe que emigró con la mujer a Madrid, y que a raíz del golpe de Estado se alistó en el Batallón Largo Caballero de las milicias de la República, con las que luchó en la frente del Ebro y en la batalla de Madrid.
Como muchos republicanos, perdida la guerra, se exilió en Francia. Él cruzó la frontera el 5 de febrero de 1939. Sin embargo, la Francia que encontró ya era bien distinta de aquella de la Marsellesa, incluso antes de la ocupación, y el campo de refugiados donde fue derivado, el de Saint Cyprien, se parecía más bien la un campo de concentración. Como tantos otros.
De hecho, al poco tiempo de llegar, el

