EL PROGRESO 12 DE MAIO 2025
La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) y el Concello de Ourol homenajearán con la colocación de una Stolperstein (piedra del tropiezo) delante de la casa consistorial a Manuel Wenceslao Pardo Pombar, vecino de este municipio que fue deportado a campos de concentración nazi. El acto será este año, en una fecha aún por concretar entre las dos entidades.
El Concello de Viveiro también tiene previsto incorporarse a este proyecto para honrar en su caso a dos vecinos, Salvador Ferro Franco y Manuel Lamelas, que al igual que el ourolés se exiliaron en Francia tras la Guerra Civil y terminaron en campos de concentración.
Las Stolpersteine están solicitadas a la fundación del artista Gunter Demnig que promueve este proyecto a nivel internacional, dicen desde la ARMH, que además propone tramitar la colocación de placas conmemorativas en los memoriales de los campos de concentración en los que “fueron asesinadas 39 víctimas lucenses de la barbarie nazi”. Hace pocos días, el 5 de mayo, se cumplieron 80 años de la liberación del campo de Mauthausen, al que “29 lucenses fueron deportados por el régimen nazi en complicidad con la dictadura franquista y solo sobrevivieron 10″.
Manuel Pardo Pombar murió junto a otros 4.000 presos en Hersbruck
No tuvo esa suerte el ourolés Manuel Pardo Pombar, nacido en el lugar de O Nogarido en la parroquia de Xerdiz el 31 de marzo de 1913, que falleció el 2 de noviembre de 1944 en el subcampo de Hersbruck, en el que murieron unos 4.000 hombres a causa del trabajo extremo y falta de alimentación e higiene. Allí trabajó junto a 10.000 presos en la construcción de “gigantescas galerías subterráneas concebidas para instalar una fábrica de motores de la BMW“, según tiene documentado el equipo de la ARMH en Lugo que coordina Miguel Freire.

Manuel Pardo, vinculado a Viveiro desde muy joven, combatió en la Guerra Civil en el bando republicano y al final del conflicto se exilió a Francia. Enroló en la compañía de trabajadores extranjeros y fue enviado a Crévoux en la frontera con Italia para participar en el refuerzo de las infraestructuras defensivas. Desde allí, en el verano de 1939 escribió sin éxito al cónsul de México en París solicitando ayuda para emigrar a ese país, que suponía para los republicanos españoles exiliados “la única patria que nos queda en el mundo”.
Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial se integró en un grupo de trabajadores extranjeros del régimen colaboracionista de Vichy y trabajaría como leñador. El 2 de julio de 1944 lo detuvieron en Nevers y lo trasladaron al campo de tránsito de Compiège en el norte de París, desde donde fue deportado a Dachau el 5 de julio de 1944 e internado en el subcampo de Allach. Pasados dos meses fue transferido al campo de Flossenburg y enviado al subcampo de Hersbruck, donde murió meses después a consecuencia de un paro cardíaco. Sus restos fueron incinerados y enterrados en un cementerio de Nuremberg.
Salvador Ferro, de Viveiro, fue uno de los pocos sobrevivientes
Salvador Ferro Franco nació en 1913 en Covas en el seno de una familia de jornaleros y tras completar los estudios primarios trabajó en una ferrería, donde se politizó y entró en el sindicato anarquista CNT. Hizo la mili en la Armada y tenía 22 años cuando estalló la Guerra Civil y fue movilizado para combatir con las tropas franquistas, aunque consiguió huir a la zona republicana y se unió a este bando.

Tras la guerra se exilió en Francia en 1939 y trabajó como herrero en Grenoble, cerca de los Alpes. Cuando Alemania ocupó Francia colaboró con la resistencia y fue detenido por la Sipo, policía de seguridad de los ocupantes alemanes el 22 de julio de 1944. Tras pasar casi un mes en la prisión de Lyon lo enviaron en un convoy con 222 hombres y 64 mujeres —ocho españoles— al campo de concentración de Natzweiler en Alsacia y de ahí al de Dachau en Baviera, donde ingresó el 4 de septiembre de 1944 con el número de prisionero 99.246.
Lo derivaron al subcampo de Allach, donde “más de 10.000 prisioneros realizaron trabajo esclavo en la BMW fabricando motores para aviones de la Luftwaffe“. Sobrevivió, fue liberado por las tropas aliadas el 29 de abril de 1945 y regresó a Grenoble, donde falleció en 1997 con 83 años. En varias ocasiones estuvo de visita en Viveiro.
Otro vivariense, Manuel Lamelas, murió en Mauthausen
Manuel Lamelas nació en Viveiro en 1900 y emigró a Barcelona en busca de un futuro mejor. Cuando estalló la guerra combatió en el bando republicano y con la derrota se exilió en Francia. Allí, durante el gobierno colaboracionista de Vichy fue detenido por los alemanes y encarcelado en el Stalag XVII-B situado en Krems-Gneixendorf, en el norte de Austria, donde pasó más de año y medio con otro mariñano, José Fernández Fernández, que era natural de Trabada.
Los enviaron juntos a Mauthausen, después Lamelas pasó al subcampo de Steyr-Münichholz y de vuelta a Mauthausen, “el más duro de los campos en esa altura de la guerra, concebido para presos no recuperables“, aguantó un año hasta fallecer el 2 de abril de 1943, con 43 años. “De los 7.251 españoles deportados a Mauthausen, 4.405 fallecieron por el trabajo extremo en la cantera de granito, las enfermedades, la subalimentación y las torturas infligidas por los guardias SS”, recuerdan desde la ARMH.

