EL PROGRESO 30 DE XANEIRO 2026

Outeiro de Rei brilla un poco más, desde este jueves. La luz es dorada, y viene del suelo, de los Stolpersteine que ya acoge el municipio en memoria de Aurelio y Victorino Díaz Hortas, dobles víctimas del franquismo y del nazismo. Muchas personas se concentraron este viernes delante del Concello para ver esa luz, en un acto que contó con la presencia de Encarna Díaz, hija de uno de ellos, Aurelio, el único de los dos que sobrevivió para dar testigo del horror y de la dignidad, al igual que su hija.

“Cada dos o tres generaciones, cuando se agosta la memoria y desaparecen los últimos testigos de las masacres anteriores, la razón se eclipsa”, citó Miguel Freire, el voluntario de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) que coordina en Lugo el equipo de investigación de los deportados de la provincia, del periodista especializado en el Holocausto Olivier Gez.

Pero allí había una testigo, Encarna Díaz. Incluso su silencio, cuando manifestó no poder hablar, por la emoción que, a sus 86 años, suponía este reconocimiento tan esperado, atravesó a todos los presentes. “Es una vida destrozada, porque no solamente fueron destrozados los que sufrieron, sino las familias, y las que nunca llegaron a serlo”, indicaba Encarna.

Su padre fue uno de las 16 personas de Lugo, de las 39 que fueron deportadas, que sobrevivieron a Mauthausen. No tuvo la misma suerte Victorino, que fue asesinado. Como tantos que defendieron la Segunda República, a su caída tuvieron que exiliarse en Francia para salvar su vida, donde pasaron, primero, por campos de refugiados. Al caer también Francia en la Segunda Guerra Mundial, fueron tomados como prisioneros de guerra, y en un trato a tres bandas entre Hitler, Pétain y Franco -que los declaró apátridas-, deportados a Mauthausen.

“A los 11 años me llevaron para Francia, con mi padre, que no sabía ni siquiera que estaba viva”, comenta, ya que su madre estaba embarazada cuando él cruzó la frontera, y murió al año de que ella naciese. “Ellos estaban en Barcelona, que como sabéis fue el la última ciudad en resistir, y cuando cayó mi padre mandó a mi madre a Galicia, porque aquí, aunque sí hubo mucha represión y víctimas, no hubo bombas”, contó.

“Por eso nací en A Coruña, y a los once años crucé la frontera”, comenta. “Imaginaros, un pasaje clandestino de una niña”, dice, para ver a “ese señor al que tardé un año en llamarle papá”. “En fin, que aquí estoy, después de mucho trabajo, pero estoy viva, y recordándolos a todos”, concluyó. 

Un monumento descentralizado

Sara Martínez, de la Escuela Municipal de Música, que participó también para inaugurar el acto, tocó la mítica de Paul Casals mientras se colocaba el Stolperstein y Encarna miraba y ofrecía su pañuelo para limpiar los bordes del cemento en esas piedras que ya no se muevan de allí con sus nombres. 

Explicó Miguel Freire que los Stolpersteine constituyen el mayor monumento descentralizado del mundo, impulsado por el artista Gunter Demnig con más de 100.000 esparcidos en toda Europa, y que la traducción al castellano de estos adoquines puede ser ‘piedra para tropezar’, para chocar con la memoria incómoda.

En el mismo sentido leyó Maruxa Boquete el poema de Primo Levi, titulado ‘Si esto es un hombre’, que el superviviente de Auschwitz comenzaba así: “Los que vivís seguros/ En vuestras casas caldeadas/ Los que os encontráis, al volver por la tarde,/ La comida caliente y los rostros amigos:/ Considerad si es un hombre/ Quien trabaja en el fango/ Quien no conoce la paz/ Quien lucha por la mitad de un panecillo/ Quien muere por un sí o por un no”.

Los participantes hicieron referencia a los tiempos presentes, donde el poema ha vuelto a repetirse en el genocidio en Gaza, y con una extrema derecha en auge a nievel mundial. “Para Outeiro de Rei é moi importante ter esta lembranza permanente da historia destes veciños de Mosteiro que foron inxustamente castigados pola súa ideoloxía, e desta histora que non queremos que se repita”, comentó el alcalde, José Pardo Lombao.

En el acto, además de vecinos de la zona y de otros lugares que se acercaron para rendir homenaje, estaban también familiares de las víctimas vecinas del concello de Outeiro de Rei, como Aurelio, sobrino de los homenajeados, de uno de los cuales lleva también el nombre, y otros descendientes.

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