De As Nogais partió un día,
con entereza y verdad,
una sombra lo seguía,
Mauthausen, la oscuridad.

Se quebró junto al silencio,
marchitó su juventud,
en Hartheim, el invierno
tiñó de negro su luz.

Liberio Bailín, de alma viva,
el dolor quiso borrar
tu huella en tierra cautiva;
el viento ha de recordar

En recuerdo crece tu nombre,
raíz que rompe el olvido,
y cada voz que te evoca
es faro en tiempo prohibido.

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